martes, 27 de mayo de 2025

Para mi Maestro


 A los de mi generación les ceñían estrictas normas de comportamiento, especialmente en la infancia y en la adolescencia. La característica común a todos los sexos era la estricta observancia del silencio. Si no nos volvimos todos locos, debió ser sin duda por la vida interior que florecía a borbotones, sin contención ni mesura. 

A fuerza de la necesaria búsqueda de “alimento” devorábamos libros, música, cine, teatro….cualquier cosa donde pudiésemos encontrar respuestas a nuestras preguntas. Yo creo que a fuerza de reprimir nuestra voz, no aprendimos el sano ejercicio de intercambiar ideas hasta bien entrada la juventud y aún así, por lo menos en mi caso, experimenté y experimento aún hoy en día una sensación de represa a punto de estallar, una suerte de olla a presión en donde revueltas, están palabras, ideas y sentimientos.

Es verdad que no se si, debido a estos antecedentes o a mi condición, es que tiendo a magnificar, pasiones, anhelos, preocupaciones. No me refiero con ello que sea una dramática, sino que más  bien todo se me queda atascado en el pecho, en la garganta con una urgencia lacerante, pero que las buenas normas de convivencia e incluso de los lícitos límites que cada cual marca a su alrededor… todas estas razones juntas hacen que se tenga una pulsión insoportable por comunicarse, pero a la vez, que  los objetos de nuestro interés tengan sanas murallas que los aíslan de incursiones no deseadas.

Pero a veces, la exposición a personas que a pesar de su complejidad admiramos y nos esforzamos en entender, solo a veces, como un rara avis…nos cautivan… Desde el total anonimato, pero también desde la fascinación, uno empieza a fijarse en cada detalle, en cada enseñanza, en cada vulnerabilidad. Es ahí donde se tiene que luchar por mantener la cordura entre lo real y lo imaginario, lo idealizado, lo fabulado. A esta altura de la vida y después de décadas de campo yermo uno llega a percibir, que no constatar, que sí puede ser que existan personas con las que empatizas y que por mucho que busques no disientes en casi nada.

Esa faceta de casi voyeur de almas no conduce a nada bueno ya que es unidireccional y seguramente, como todos los voyeurs, uno permanece invisible y lo más seguro, con una etiqueta,  que es como la mayoría de los humanos “clasificamos” a la marabunta que nos rodea.

Así pues cuando la consternación por el observado crece sin remedio, si acaso se presenta la ocasión de que alguna palabra se escape por la comisura de los labios, por una ley de vida y supervivencia del otro, es cercenada sin posibilidad de diálogo, ni entendimiento. Así una vez más la brecha se ahonda y el círculo se cierra en el inicio de los inicios, cuando el silencio era lo cotidiano y no haces ningún reproche ni reclamas ningún derecho pues nunca lo has tenido ni se te han concedido. El tiempo es tan limitado y las almas circulan por líneas marcadas llenas de soledad y donde nunca podrás saber si estás equivocado, ni sabrás dónde se encuentra la verdad que nos confirme si todo es invención o realidad.


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